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sábado, 26 de diciembre de 2009

Maldito el amor

Maldito el amor


Maldito el amor perdido.
Maldito el amor buscado.
Maldito el amor no correspondido.
Maldito el amor no encontrado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor arrepentido.
Maldito el amor olvidado.
Maldito el amor prohibido.
Maldito el amor imaginado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor corrompido.
Maldito el amor obstinado.
Maldito el amor herido.
Maldito el amor cicatrizado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor caído.
Maldito el amor levantado.
Maldito el amor defendido.
Maldito el amor atacado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor ofrecido.
Maldito el amor premiado.
Maldito el amor recibido.
Maldito el amor castigado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor recién nacido.
Maldito el amor enterrado.
Maldito el amor percibido.
Maldito el amor ignorado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor inadvertido. 
Maldito el amor sospechado.
Maldito el amor reprimido.
Maldito el amor acusado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor padecido.
Maldito el amor celebrado.
Maldito el amor escondido.
Maldito el amor revelado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor protegido.
Maldito el amor sacrificado.
Maldito el amor presumido.
Maldito el amor avergonzado.

¡Maldito seas, amor, eternamente!

Maldito el amor admitido.
Maldito el amor negado.
Maldito el amor infundido.
Maldito el amor equivocado. 

¡Maldito seas, amor, mil veces
en tiempo eterno y en espacio infinito
Amor de amantes, caros diamantes...
¡Maldito!¡maldito!¡maldito!

  Elio G.

El Fuego del Amor

El Fuego del Amor


Centella de amor con que Afrodita
Adorna las diestras saetas de Eros.
Funde hasta el más frío de los aceros,
El sutil fuego ardiente que crepita.

Rosa flamígera que dormita
En el seno de los dones meros,
Emulando áureos discos viajeros,
Alabando las venas donde habita.

Mas el ser mil veces engañado
Siente en su pecho un fuego destructor.
Lo que era amor amado y amador
Se torna matador y matado.
Premio, precio, castigo o pecado
Es sanar y ser apuñalado.

Elio G.

martes, 3 de febrero de 2009

Espacios Vacíos

Espacios Vacíos


He bajado de la cruz,
he roto las cadenas,
he salido de la caverna,
guiado por la luz.

He roto los puertas
y los vitrales de mi templo.
Sólo he dejado en pie
las dulces campanas.

He destruido
las máscaras
de los ídolos paganos
que ocultan la verdad.

He bebido del cáliz,
el néctar y la ambrosía.
Una embriaguez divina
irrumpió en mi corazón.

Las letras muertas
se han convertido
en jeroglíficos vivos
que leen mi mente.

Colores iridiscentes,
sonidos fragorosos,
perfumes aleatorios,
formas siderales.

Todo se ha amalgamado
caóticamente formando
una sinfonía extraña
para advertirme
que un gigante cósmico,
eterno, infinito y omnímodo,
habita en los espacios vacíos.

Elio G.

Jesucristo Urbano

Jesucristo Urbano


En la vereda de enfrente,
en el rincón del mundo,
entre celestes azoteas
y oscuros sótanos,
me encuentro
cargando una cruz
a mis espaldas.
Fulano se burla de mí,
Mengano llora por mí,
Zutano me envidia
(esa es la hermana Humanidad).
No sé realmente quién soy,
de donde vengo y a dónde voy,
sólo sé que tengo un don
que es una maldición.
Es la marca de fuego,
el tatuaje que llevaré
durante todo el camino.
Recibo aplausos por mi valor
y lágrimas por mi suerte
mas también me dan escupitajos
por haberme sacado la mascara.
Son infinitos los espacios,
son eternos los tiempos
en los cuales seré y estaré.
Mejor tomar
un poco de sagrado pan
y una copa de santo vino
para seguir viaje.
Yo soy el que soy,
soy todos y soy nadie,
pero simplemente
y complejamente
soy yo.


Elio G.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Cerrado cerrado

Cerrado cerrado


Domingo de otoño.
Ayer fue un día de lluvia.
Mañana será el típico día feriado.

Todo esta cerrado.

Cerrada es la semana
con la muerte de siete días.
(en vez de escribir una sátira
debería grabar una elegía)

Cerrado está el libro de quejas;
sobre este suelo, ninguna objeción.
Aburrido estás, no blasfemes;
por ser hoy domingo, descansa Dios.

Cerrada está la boletería,
entra a ver la función.
Espero no hayas pagado un gran precio
porque te dormirás en el sillón.

Cerrado está el pueblo.
Abandonado. Aburrido. Desierto
Monótono. Silencioso. Solitario.
Cerrado. Aislado. No-abierto.

Cerrada es la ronda de quienes
bailan y cantan defectos ajenos.
Cuidado, no quedes en el medio:
te señalarán y cerrarán tu féretro.

Cerrada es la entrada a los de afuera,
Cerrada es la salida a los de adentro.
Ponte la máscara, sé otro cualquiera
y ve al carnaval de idiotas en el centro.

Cerrada es la costumbre del perro:
da tres vueltas y a dormir.
Allá afuera hay desolación,
Sueña otra tierra y serás feliz.

Cerrado está el pueblo.
Ovejas en un corral.
El infierno no es el destierro
cuando lo es el propio lugar.

Cerrada está la calle
como el sendero de un laberinto.
¡Huye!, hace poco te acusaron
y ya están dando su veredicto.

Cerrado pueblo del lejano Oeste,
barco fantasma que has de navegar,
no te puedes llamar “escoria”,
si la nada ocupa tu lugar.

“Cerrado” dice el garabato
en las vidrieras, en la mente y el corazón.
Cerrado está mi puño y golpeo.
Hasta nunca, pueblucho. Adiós.

Elio G.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Lo propio y lo ajeno

Lo propio y lo ajeno

Hagamos un trato
¿qué tal si yo cambiase
su vida por la mía?
¡Si le diera mi pellejo!...
sí, sí, esa piel
que tantas veces
me ha sacado
para vestirse de gala
frente a los demás.
¡Cuántas veces
me ha desollado vivo!

¿Qué tal si
ese maldito dedo
afilado y acusador
con que señala,
el gatillo asesino
que tantas vidas
ha suicidado,
lo tuviese yo?
¿qué tal si ahora
usted estuviese
en la palma de mi mano,
en la lengua de cada uno
y en la mira de todos?
¿Qué sentiría?

¿Qué disfraz sobrio
se pondría para
ocultar la absurda
y fatal realidad
de su “yo”, su vida
y su destino?
¿Podría llevar
una mascara hilarante
cuando el rostro
que esconde, llora?

¿Cómo estaría
si la gente huyera
de su presencia
como las sombras
huyen de la luz?
¿O si se acercara
a usted, zumbando
y acribillando,
como una horda
de moscas que ataca
a la criatura agonizante?

¡Si!, ¡a usted le hablo!
¡no se haga el distraído!
Usted, el husmeador,
el que se acomoda
los anteojos
sobre las narices
para fisgonear esto,
para escatimar aquello,
o la que pone las manos
sobre la escoba
para birliberlequear
con otras brujas.
O más aún,
aquellos que, no podridos
y aún verdes,
emplean su tiempo
desempleado
en gastar la lengua
y apuñalar por la espalda
¡Ay, pobre burlador
que, con tu misma burla,
eres neciamente burlado!

¿Qué tal si sufriera
en carne propia
lo que yo sufro?
¿Seguiría desgarrando
la carne ajena?

¡Seguramente!
A las hordas de salvajes
disfrazados con vano dinero
y modales asquerosos,
les fascina ver la sangre
de las víctimas laceradas
por sus filosas lenguas.
Con esa sangre se alimentan,
se bañan, se emborrachan,
celebran, hieren, matan.
Y después de tantos sacrificios
y que no haya a quien juzgar,
el último chusma frente al espejo
por su propio reflejo, humillado será.

¿Alguna vez salió de su pedestal
de acusador y acosador?
¿Alguna vez se puso en mi lugar?

Abra su cabeza y escuche:
no necesito su lástima,
tampoco su comprensión,
lo único que pido es que
me regale su indiferencia.

Elio G.

martes, 27 de mayo de 2008

Los Días más Felices de mi Vida


Los Días más Felices de mi Vida


Una vez viví en un paraíso,
en el verdadero Paraíso de mi vida.
Estaba solo en el mundo, nada me perturbaba.
No había nada de lo que hay ahora… preciado Nirvana.

Pero cuando murieron y renacieron
miles de soles y centenares de lunas…
un día, no recuerdo cual,
perdí a mi Gran Jardín por completo.

¿Mordí una extraña
manzana
o abrí la caja de
Pandora?
No sé si el mundo es
redondo o plano,
pero en ese momento
descubrí el mundo.

La Ciudad, gris, fría y lúgubre,
seria, correcta, social, moral y religiosa,
comenzó a invadir mi Edén;
caían los antiguos árboles,
morían los inocentes animales.
El arco iris de mi alegre Cielo
se convirtió en la triste y pesada cruz
donde descansaría.

Entonces, conocí a los constructores
de los muros de la soberbia Ciudad:
los correctos, ¡esos sí que son buenos!,
son el paradigma de habitantes:
nariz de cerdos intolerantes,
tienen el cuerpo de pavo real y alma de pavo,
y frentes tan anchas como un centavo.
eso sí, sus dedos índices son de acero
y los pies firmes como barro de estercolero.
Sus lenguas son espadas de gran filo,
tienen la pequeña boca de un cocodrilo.
Sus corazones son tan duros como un ladrillo
y sus cráneos, tan jueces como un martillo.

Ellos son los que llevan el disfraz de
padres,
maestros,
hermanos,
malos amigos,
sacerdotes,
ancianos…
Todos están perdidos en el inútil laberinto
que construyeron sus padres
y los padres de sus padres,
en sus mentes graves,
gravemente llenas,
gravemente llenas de nada

¡Aleluya!, ¡este es el pueblo elegido de Dios!.

Y comiendo del Árbol del Conocimiento
del Bien y del Mal de ellos,
perdí mi inefable paraíso;
y hoy cuando odio siento tristeza
y cuando amo siento culpa.
Antes era feliz con las pequeñas cosas,
con cosas cercanas, concretas, reales, posibles.
Hoy mis mil deseos son neciamente ambiciosos,
lejanos, abstractos, irreales, platónicos, imposibles.

¡Tan poco duró mi Paraíso!,
¡tan poco!...

Hoy me doy cuenta de todo lo que perdí,
de todo lo que había en mi interior…
Cuando la inocencia coronaba mi frente
y la pureza anidaba en mi corazón.
Cuando los duendes y las hadas de la fantasía
correteaban con mi alada Imaginación…
hoy los ángeles y los demonios de la moral
me dicen: “eso está bien, eso está mal”
Hoy me doy cuenta de todas las cosas que perdí
cuando los sueños de amor
no se desvanecían junto al horizonte.
Vivían en mí, conmigo,
no eran un espejismo en el desierto.

Jamás podré volver a verte,
Paraíso de mi infancia.
Jamás podré volver a vivir
los días más felices de mi vida.

Elio G.

domingo, 27 de abril de 2008

¿Loco, yo?

¿Loco, yo?



Me persiguen,
escuchan lo que digo,
observan lo que hago,
saben lo que veo,
lo que siento y lo que pienso.
Se ríen, hablan de mí,
aunque bien lo disimulan.
¿Cuándo dejaré de ser
el alimento de sus lenguas?

Los gigantes
quieren matarme.
Los desafío y,
sin embargo, les temo.
Edificios ciclópeos
y titánicas torres
se inclinan para
arrojarse sobre mí.
Rayos fragorosos
sobrevienen como
amenazadoras saetas
de venganza divina.
Las aguas tranquilas
planean sumergirme
en su seno mortal.


Pensamientos despiadados
y sentimientos amargos,
dominan mi mente,
usurpan mi corazón.
Los espanto
pero su apariencia
es tan tentadora
que me dejo
arrastrar por ellos.

Todo el mundo
conspira contra mi.
Hasta el propio destino
impide que realice
lo que más anhelo.

¿Qué gigante omnipresente,
eterno e infinito
impide que sea feliz?
¿Será la sombra que, diariamente,
se extiende amenazante
bajo mis pies?


Elio G.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Himno a mi Mismo

Himno a mí mismo



Soy el peor de todos los hombres,
una escoria, una sombra, un fantasma.
En el pasado nací como fruto
del amor entre dos personas y como raíz
del odio a mi mismo.
Nací por obligación.
En el futuro moriré lleno de cicatrices y arrugas,
solo y desnudo. De la misma manera que vine al mundo
también me voy a ir.
Moriré. No tengo otra opción.

Soy un perro, un excremento, una cosa,
un pecador, un puñado de problemas ambulante.
Acepto todos los insultos de quienes me rodean.
Cada golpe, cada puñalada, cada escupitajo
me ha fortalecido.
Soy solo polvo y cenizas,
un resignado suspiro de Dios y nada más.
Nadie me llorará.
Nadie me recordará cuando yo muera.
Soy anónimo.

Sin embargo, voy de cabeza al profundo y oscuro abismo,
voy de frente al frenesí de la vida.
Siento vértigo.
Siento el roce del viento en mi cara.
No necesito pedir prestadas alas
para poder volar.
Estoy vivo y amo la vida,
aunque sea despiadada y cruel.
Vivo el presente porque es lo único
verdadero, seguro y real.

Soy lo que soy
aunque el mundo no lo acepte y no lo comprenda.
Soy lo que soy
y lo seré hasta el fin de mis días.
No me callo, no miro hacia atrás, sigo hasta el final.
Elio G.

martes, 11 de marzo de 2008

La Rosa

La Rosa



Delicada hechicera del parnaso,
Fuego senil que la tierra atesora,
Candela que se enciende en la aurora,
Estrella fugaz que se apaga en el ocaso.

Lágrimas de un corazón marchitado,
Es el rocío que recorre tu mejilla,
Un cuchillo de pasión acribilla,
Tus pétalos de rojo ensangrentado.

Tus pétalos remontan hacia el cielo
Como las alas de un ángel extraviado.
Las espinas de tu tallo delicado
Se esconden presurosas en el suelo.

En el alba despertaste en un capullo,
El mediodía te vistió de bellos rasos,
Y la noche fría se llevó tus pasos,
Hacia el lejano cielo en un murmullo.
Elio G.


lunes, 11 de febrero de 2008

Rapsodia Azul


Rapsodia Azul

Porque azul es la Poesía
de la alada Inspiración,
cerúlea melancolía
que irrumpe en mi corazón,

azul es el bravo príncipe
que repatría con su espada
y el llanto de la princesa
que espera su llegada,

la mirada de las sílfides
y la reina de las hadas.
Azul es la Galatea
y el canto de las apsaras.

Azul es el lapislázuli,
el zafiro y la turquesa.
Azul es la ilusión
que nace en la madreperla.

Azul es el cielo etéreo
y el profundo y ancho mar.
Es el color de los sueños
de la amada libertad.

Azul es el firmamento
de galaxias y estrellas.
Del pincel del Dios creador
las uranias huellas,

los átomos infinitos
y eternos de las ánimas.
Azul ciprés y jacinto,
el frío río de lágrimas,

el arcángel pensador
librado a la templanza
y el silencio de la Musa
cuando concluye la danza.

Azul es la vestidura
de los locos y los sabios
azules son los agravios
cuando el rojo es poderoso.

Azulada es la Poesía
y la alada Inspiración.
Azul es tu mirada,
que alumbró mi corazón.

Elio G.

Esperando a la Inspiración

Esperando a la Inspiración

Vacía sombra oscura, abundante de nada,
silencio y soledad, caos, muerte y ceniza.
Hades en el que el ávido poeta agoniza,
bebiendo del Leteo a Mnemosina olvidada.

Prisión en la que el alma yace atada,
muerte en la que la razón se canoniza,
ilusión en la que el cuerpo esclaviza
a la alada Inspiración para ser matada.

Más el poeta en su odisea de salvarse
busca en el Universo a la extraña criatura
(Musa, Don, copa de Baco o luz del farol)
aunque para ello deba, al Tártaro, aislarse.
Siempre la hora más lúgubre, mustia y oscura
es la que precede al nacimiento del sol.

Elio G.

jueves, 7 de febrero de 2008

La Poesía

La Poesía






Pesadilla malvada y maldita
que, bajo la apariencia de un dulce sueño,
interrumpes el descanso de mi alma.

Sutil y sagaz ilusión de agua
que, con tus encantos, me haces engañado
y no vivo en el mundo de los hombres.

Elixir mágico y oscuro,
buscado por los antiguos sabios,
que transformas mis carnes en mármol.

Diabólico ser que, con cruel maña,
tomas la sutil figura de la Musa
y enamoras mi corazón con tu suspiro.

Poesía,
tú que me condenas a escribir los sueños
con palabras extrañas y gastadas…
¡Vete ya! ¡aléjate de mí!
Olvida que mi pluma es un pincel
¡Sal de mi camino, de mis horas, de mi sueño!
¡retírate!
No escucharé tus tormentosos ecos.

Mas no se que será de mí,
si tú, ¡Oh, Poesía!, te vas lejos.
Es parte de tu etéreo hechizo
que yo sea feliz con mi tristeza
que yo sienta nostalgia con mi alegría.
La tristeza se hace de suspiros
y la poesía nace de inspiraciones.

Porque tú, Poesía,
sombra de mi alma,
vienes en mis soledades
y me conduces hacia el Paraíso añorado.
Y aunque ande en el valle
de la sombra profunda,
no temo mal alguno
porque, tú, ¡Oh, Poesía!, estás conmigo.
Elio G.

La Rosa Absurda

¿Qué eres? Una fantasía nocturna,
una utopía lejana e inefable,
un delirio falaz e inevitable.
Eres, simplemente, una rosa absurda.

sábado, 8 de septiembre de 2007

La Rosa Absurda

La resurrección de la rosa






"Amiga pasajera, voy a contarle un cuento. Un hombre tenía una rosa; era una rosa que le había brotado del corazón. ¡Imagínese usted si la vería como un tesoro, si la cuidaría con afecto, si sería para él adorable y valiosa la tierna y querida flor! ¡Prodigiosa de Dios! La rosa era también como un pájaro; parlaba dulcemente, y en veces, su perfume era tan inefable y conmovedor, como si fuera la emanación mágica y dulce de una estrella que tuviese aroma.
Un día, el ángel Azrael pasó por la casa del hombre feliz y fijó sus pupilas en la flor, la pobrecita tembló, y comenzó a padecer y estar triste, porque el ángel Azrael es el pálido e implacable mensajero de la muerte. La flor desfalleciente, ya casi sin aliento y sin vida, llenó de angustia al que en ella miraba su dicha. El hombre se volvió hacia el buen Dios y le dijo:
—Señor, ¿para qué me quieres quitar la flor que me diste? Y brilló en sus ojos una lágrima.
Conmovióse el bondadoso Padre, por virtud de la lágrima paternal, y dijo estas palabras:
—Azrael, deja vivir esa rosa. Toma, si quieres, cualquiera de las de mi jardín azul.
La rosa recobró el encanto de la vida. Y ese día, un astrónomo vio, desde su observatorio, que se apagaba una estrella en el cielo."



Ruben Dario




El ruiseñor y la rosa




"-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una solo rosa roja en todo mi jardín.
Desde su nido de la encina, oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.
-¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín! -gritaba el estudiante.
Y sus bellos ojos se llenaron de llanto.
-¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y encuentro mi vida destrozada por carecer de una rosa roja.
-He aquí, por fin, el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aún sin conocerlo; todas las noches les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Su cabellera es oscura como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión lo ha puesto pálido como el marfil y el dolor ha sellado su frente.
-El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará ningún caso. No se fijará en mí para nada y se destrozará mi corazón.
-He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.
-Los músicos estarán en su estrado -decía el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerda y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no bailará, porque no tengo rosas rojas que darle.
Y dejándose caer en el césped, se cubría la cara con las manos y lloraba.
-¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde, correteando cerca de él, con la cola levantada.
-Si, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba persiguiendo un rayo de sol.
-Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita a su vecina, con una vocecilla tenue.
-Llora por una rosa roja.
-¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!
Y la lagartija, que era algo cínica, se echo a reír con todas sus ganas.
Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando sobre el misterio del amor.
De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo.
Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra atravesó el jardín.
En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y al verle, voló hacia él y se posó sobre una ramita.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la espuma del mar, más blancas que la nieve de la montaña. Ve en busca del hermano mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía entorno del viejo reloj de sol.
-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el rosal meneó la cabeza.
-Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más amarillas que el narciso que florece en los prados antes de que llegue el segador con la hoz. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana del estudiante, y quizá el te dé lo que quieres.
Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de la ventana del estudiante.
-Dame una rosa roja -le gritó-, y te cantaré mis canciones más dulces.
Pero el arbusto meneó la cabeza.
-Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré más rosas este año.
-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-, una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?
-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.
-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.
-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.
-La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas. Suave es el aroma de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un hombre?
Entonces desplegó sus alas obscuras y emprendió el vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.
El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped allí donde el ruiseñor lo dejó y las lágrimas no se habían secado aún en sus bellos ojos.
-Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea. Sus alas son color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y su hálito es como el incienso.
El estudiante levantó los ojos del césped y prestó atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.
-Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan triste cuando te vayas!
Entonces el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que ríe en una fuente argentina.
Al terminar la canción, el estudiante se levantó, sacando al mismo tiempo su cuaderno de notas y su lápiz.
"El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de todo, es como muchos artistas: puro estilo, exento de sinceridad. No se sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su garganta tiene notas bellísimas. ¿Que lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no persiga ningún fin práctico!"
Y volviendo a su habitación, se acostó sobre su jergoncillo y se puso a pensar en su adorada.
Al poco rato se quedo dormido.
Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.
Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.
Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.
Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.
Primero era pálida como la bruma que flota sobre el río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.
La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un lago.
Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una virgen.
Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su prometida.
Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.
Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra las espinas.
-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el día antes de que la rosa esté terminada.
Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel tormento de dolor.
Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su canto, porque cantaba el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en la tumba.
Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su corazón.
Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.
Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que algo se le ahogaba en la garganta.
Entonces su canto tuvo un último destello. La blanca luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.
La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y abrió sus pétalos al aire frío del alba.
El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.
El canto flotó entre los cañaverales del río, que llevaron su mensaje al mar.
-Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la rosa.
Pero el ruiseñor no respondió; yacía muerto sobre las altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.
A medio día el estudiante abrió su ventana y miró hacia afuera.
-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una rosa roja! No he visto rosa semejante en toda vida. Es tan bella que estoy seguro de que debe tener en latín un nombre muy enrevesado.
E inclinándose, la cogió.
Inmediatamente se puso el sombrero y corrió a casa del profesor, llevando en su mano la rosa.
La hija del profesor estaba sentada a la puerta. Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.
-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuanto te quiero.
Pero la joven frunció las cejas.
-Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido -respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.
-¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de cólera.
Y tiró la rosa al arroyo.
Un pesado carro la aplastó.
-¡Ingrato! -dijo la joven-. Te diré que te portas como un grosero; y después de todo, ¿qué eres? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del chambelán.
Y levantándose de su silla, se metió en su casa.
"¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada; habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica."
Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación, abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer."




Oscar Wilde

De manera parecida a esta rosa, nace "La Rosa Absurda", mi primer libro. Pero ¿qué es "La Rosa Absurda"? ¿Por qué ese nombre?

Sinceramente, me gustaría que cada uno lo averigue leyendo...

Pero para quienes quieren conocer el significado que yo le otorgo:

Podría ser la vida que, con momentos dolorosos, nos muestra que el final valió la pena sufrir las espinas para ver la rosa. ¿Pero es así? ¿Vale la pena clavarse espinas durante toda la vida para ver unos bellos pétalos tan solo por un instante? Si y no. Pero la felicidad se trata de eso. De ser feliz por unos instantes. Todo lo bello dura un instante, sino se volvería aburrido y ya no tendría gracia. Por eso esa razón, la felicidad en la vida es una rosa absurda.

Podría ser la poesía. El poeta es un martir que sufre condenado a ser un "loco", encadenado a escribir todo. Cuando todo el mundo ve una estrella fugaz la disfruta, en cambio el poeta ve el brillo y cuando vuelve la mirada para verla de nuevo, la estrella ya murió. Entonces debe resignarse a tan sólo tener el recuerdo de la estrella e imaginar lo que no vió...

Pero, al final, el hecho de haber dejado todo en la vida por tan solo escribir, lo hace inmortal. Pero ¿reemplaza esta inmortalidad postuma a una vida normal y feliz?



Podría ser el amor. Ah, el amor. Qué gran pasatiempo nos dió Dios a todos los seres humanos eh! Y nuestro amor lo puso en el corazón de otra persona, para hacer más dificil la cosa. Entonces jugamos al Juego de la Oca de nuestra vida hasta llegar hasta el amor. Sufrimos toda una vida para estar, asi sea, un instante con quien amamos. Y, como sucede en uno de los cuentos de más arriba, a veces no vale la pena, porque el amor es una rosa absurda.



Tengo que decir que soy un admirador de los poetas malditos. Me gustó mucho "Las Flores del Mal", y por ello tomé parcialmente esa estructura, y con "La Rosa Absurda" hice mi propio "Las Flores del Mal". Si leen los dos libros van a saber por qué.

(Nota: Por ahora, no publicaré nada del libro en el blog. En su debido momento, lo verán)