Una aventura emocionante
Muy pronto...




"Esta meditada locura de de Chirico puede ser calificada de surrealista pero quizá le queda mejor genial como adjetivo.
Giorgio de Chirico (Grecia, 1888-Italia,1978) fue el gran pintor metafísico del siglo XX. Estudió arte en Atenas y en Munich, donde recibió una gran influencia de las obras alegóricas del pintor suizo del siglo XIX Arnold Böcklin. En 1911 se instaló en París donde pintó paisajes urbanos. Estas primeras obras metafísicas evocan un mundo onírico misterioso y amenazador a través de acentuados contrastes de luces y sombras y de una perspectiva exagerada.
Entre 1915 y 1925 de Chirico pintó se dedicó a los maniquíes sin rostros y a las naturalezas muertas en las que yuxtapone objetos sin ningún tipo de relación entre sí, lo que luego adoptarían los surrealistas. Influyó en artistas de ese movimiento, como Yves Tanguy y Salvador Dalí.
A mediados de la década de 1930 regresó a Italia, abandonó el estilo que le dio fama y se volcó uno más académico y bastante intrascendente.
Sin pies ni cabeza, esta musa del silencio es todo pensamiento y pura coherencia."
Por Marcelo A. Moreno, en Desnuditos. Antilógicas. Clarín. 18/1/2008.
http://weblogs.clarin.com/antilogicas/archives/2008/01/la_musa_del_silencio_giorgio_de_chirico.html
En memoria de Rodolfo Ramón González (“Rolo”)
¿Las prefieres amarillas, rojas, fucsias, matizadas en colores?
¿Tal vez te agraden las sencillas rococó, que acompañan
a las novias y engalanan los salones?
O quizás te inquiete la más encendida bordo ilusión,
sangre plasmada en pétalos
fiel sinónimo de pasión.
En fin, tú puedes elegir, verás
dispuestas a tu sensibilidad están
con toda su belleza
con todo su misterio
variedad en aromas
variedad en diseño
En lo que a mi respecta, es la blanca
inmaculada, la rosa que me desvela
por sus pétalos de raso
por su inviolable pureza.
Yo la miro dulcemente,
y creedme, me encuentro
con Dios en ella.
Ahora dime tú, que has abrazado este tema
¿Sabes qué sería del poeta
si las rosas no existieran?
Norma Elvira Menuet

Hagamos un trato
¿qué tal si yo cambiase
su vida por la mía?
¡Si le diera mi pellejo!...
sí, sí, esa piel
que tantas veces
me ha sacado
para vestirse de gala
frente a los demás.
¡Cuántas veces
me ha desollado vivo!
¿Qué tal si
ese maldito dedo
afilado y acusador
con que señala,
el gatillo asesino
que tantas vidas
ha suicidado,
lo tuviese yo?
¿qué tal si ahora
usted estuviese
en la palma de mi mano,
en la lengua de cada uno
y en la mira de todos?
¿Qué sentiría?
¿Qué disfraz sobrio
se pondría para
ocultar la absurda
y fatal realidad
de su “yo”, su vida
y su destino?
¿Podría llevar
una mascara hilarante
cuando el rostro
que esconde, llora?
¿Cómo estaría
si la gente huyera
de su presencia
como las sombras
huyen de la luz?
¿O si se acercara
a usted, zumbando
y acribillando,
como una horda
de moscas que ataca
a la criatura agonizante?
¡Si!, ¡a usted le hablo!
¡no se haga el distraído!
Usted, el husmeador,
el que se acomoda
los anteojos
sobre las narices
para fisgonear esto,
para escatimar aquello,
o la que pone las manos
sobre la escoba
para birliberlequear
con otras brujas.
O más aún,
aquellos que, no podridos
y aún verdes,
emplean su tiempo
desempleado
en gastar la lengua
y apuñalar por la espalda
¡Ay, pobre burlador
que, con tu misma burla,
eres neciamente burlado!
¿Qué tal si sufriera
en carne propia
lo que yo sufro?
¿Seguiría desgarrando
la carne ajena?
¡Seguramente!
A las hordas de salvajes
disfrazados con vano dinero
y modales asquerosos,
les fascina ver la sangre
de las víctimas laceradas
por sus filosas lenguas.
Con esa sangre se alimentan,
se bañan, se emborrachan,
celebran, hieren, matan.
Y después de tantos sacrificios
y que no haya a quien juzgar,
el último chusma frente al espejo
por su propio reflejo, humillado será.
¿Alguna vez salió de su pedestal
de acusador y acosador?
¿Alguna vez se puso en mi lugar?
Abra su cabeza y escuche:
no necesito su lástima,
tampoco su comprensión,
lo único que pido es que
me regale su indiferencia.
Elio G.


Elio G.

Me persiguen,
escuchan lo que digo,
observan lo que hago,
saben lo que veo,
lo que siento y lo que pienso.
Se ríen, hablan de mí,
aunque bien lo disimulan.
¿Cuándo dejaré de ser
el alimento de sus lenguas?
Los gigantes
quieren matarme.
Los desafío y,
sin embargo, les temo.
Edificios ciclópeos
y titánicas torres
se inclinan para
arrojarse sobre mí.
Rayos fragorosos
sobrevienen como
amenazadoras saetas
de venganza divina.
Las aguas tranquilas
planean sumergirme
en su seno mortal.
Pensamientos despiadados
y sentimientos amargos,
dominan mi mente,
usurpan mi corazón.
Los espanto
pero su apariencia
es tan tentadora
que me dejo
arrastrar por ellos.
Todo el mundo
conspira contra mi.
Hasta el propio destino
impide que realice
lo que más anhelo.
¿Qué gigante omnipresente,
eterno e infinito
impide que sea feliz?
¿Será la sombra que, diariamente,
se extiende amenazante
bajo mis pies?


